Cada vez que florecen los jacarandás me acuerdo de algo, y no precisamente de la canción que cantaba María Elena Walsh, además la flor es lila y no celeste, x favor María Elena. Es algo que me contó una amiga (¿). Parece ser que una tal tarde de domingo en una terraza de un barrio tanguero de Buenos Aires, una tarde muy calurosa, A llegó a la casa de B. Hacía mucho calor, creo que ya lo dije, todavía no había empezado el verano pero el cemento ardía, al igual que estos dos seres alzados en celo en busca de vitaminas. Era una tarde perfecta, soleada, calurosa y convenientemente sintetizada en una terraza ardiente. A tocó el timbre, B abrió. A llevaba en su mochila crema en aerosol, jarabe de chocolate y frutillas. B y A se miraron y lejos de buscar 2 bowls comenzaros a chapar a lo loco. A le dio la mano a B y de prepo la llevó corriendo las escaleras hasta el primer piso, hasta la famosa terraza del amor. A y B comenzaron a sacarse la ropa, hasta quedar en sus respectivos trajes de baño. Había una manguera, literalmente una manguera y comenzaron a mojarse, B mojaba a A, mientras tomaba algunas fotos a modo de inmortalizar el momento. A y B estaban empapados y ya era hora de pasar al próximo nivel: el postre. A y B se sacaron la ropa que les quedaba (poca) mutuamente y A esparció la crema, el chocolate y las frutillas en el cuerpo de B y por orden, lo mismo hizo B y uno al otro comenzaron a disfrutar de la dulzura que se mezclara con el gusto de la piel de cada uno. A y B hicieron cosas que claramente hubieran escandalizado al propio autor del Kamasutra. Y pasaron las horas enchastrándose mutuamente de besos, caricias y locura, se terminó la tarde y el chocolate. Y mientras caía el sol se despidieron con una frase que nunca olvidarán mientras vivan: “Qué bueno que estuvo por dió”.
martes, 5 de octubre de 2010
Salva tus uñas
Si te pones en las uñas cinta scotch y le das una vueltita y encima te pintás con marcador, ponele rojo, y así las 10 uñas, a menos que tengas un temita de mutación o hayas tenido un accidente. Bueno, te pintás así y es una forma muy fácil de disimular el tema de la onicofagia que es el hábito compulsivo de morfarse las uñas, http://www.podium.es/podium/anom8.htm. Yo me las comía de chica, hasta que un día un chico que me gustaba (un boludo que después le terminó tirando onda a mi mejor amiga pero que estaba más bueno que comer pollo con la mano) me dijo “Una dama no debe comerse las uñas”. Chupame un huevo. El caso es que dada mi poca personalidad y baja autoestima de su momento, resultó y no me las comí nunca más (casi) y ahora ocasionalmente mientras miro una película sola me como un poquitín, apenas la uñas, y los pellejitos, eso es bien de conchuda. Pero estoy bien, en serio estoy bien, dejá.
lunes, 4 de octubre de 2010
Cuento hormonal de lunes a la tarde
A Clarita le había venido el día anterior y hoy la atacaban las hormonas. Y a Clarita las hormonas la desestabilizaban zarpado, a veces le pegaban de bajón y otras nada, le pintaba ponerse agresiva o insultar a desconocidos por la calle. No podía hacer nada contra ellas, cualquier comentario era tomado a mal.
“Hola nena, te como toda” le gritó un obrero muy educado de Palermo Top.
“Cómo que me comés, te parezco un lechón no? Decilo decilo…decilo hdp, construime esta ladrillo por ladrillo…la p que te p..la c de tu h” dijo Clarita, la princesita.
Uhh cómo estaba Clarita, para colmo luego de decir eso, pisó un tereso de aproximadamente 15 cm de diámetro y volumen importante, que estaba depositado en el medio de la vereda junto a un chicle y a un pollo amarillento, y ella con chatitas, un horror. Lejos de darle náuseas, la situación la enojaba más y más y ya a esa altura podía perfectamente degollar a un anciano o decirle a un niño que pasaba que Papá Noel y los Reyes eran los padres.
“Clarita, Clarita” una voz muy grave y estruendosa la llamaba, pero Clarita no podía distinguir de donde venía.
“Dios, ¿sos vos?”
“No tontis, soy yo, mirá para abajo” dijo un hombrecito obviamente enano que le llegaba como mucho a las rodillas.
Y al ver a Robertito, porque así se llamaba el enano, un vecino de toda la vida, pensó que sus problemas tampoco le llegaban ni a las rodillas, y se rió se rió, ya medio como que se fue al otro lado, pero mejor, mejor la risa que la bronca, y Clarita se calmó, las hormonas le empezaron a hacer cosquillas y sus ganas de convertirse en asesina serial disminuyeron tanto que terminó comprando un Bonsái, en un vivero que le recomendó Robertito. Un capo Robertito.
“Hola nena, te como toda” le gritó un obrero muy educado de Palermo Top.
“Cómo que me comés, te parezco un lechón no? Decilo decilo…decilo hdp, construime esta ladrillo por ladrillo…la p que te p..la c de tu h” dijo Clarita, la princesita.
Uhh cómo estaba Clarita, para colmo luego de decir eso, pisó un tereso de aproximadamente 15 cm de diámetro y volumen importante, que estaba depositado en el medio de la vereda junto a un chicle y a un pollo amarillento, y ella con chatitas, un horror. Lejos de darle náuseas, la situación la enojaba más y más y ya a esa altura podía perfectamente degollar a un anciano o decirle a un niño que pasaba que Papá Noel y los Reyes eran los padres.
“Clarita, Clarita” una voz muy grave y estruendosa la llamaba, pero Clarita no podía distinguir de donde venía.
“Dios, ¿sos vos?”
“No tontis, soy yo, mirá para abajo” dijo un hombrecito obviamente enano que le llegaba como mucho a las rodillas.
Y al ver a Robertito, porque así se llamaba el enano, un vecino de toda la vida, pensó que sus problemas tampoco le llegaban ni a las rodillas, y se rió se rió, ya medio como que se fue al otro lado, pero mejor, mejor la risa que la bronca, y Clarita se calmó, las hormonas le empezaron a hacer cosquillas y sus ganas de convertirse en asesina serial disminuyeron tanto que terminó comprando un Bonsái, en un vivero que le recomendó Robertito. Un capo Robertito.
Atrapada en el mundo real
Dorita es una señora mayor que no tiene mail, ni sabe mandar mensajes por celular, ni tiene celular ni vale la pena explicarle qué es el Internet. Dorita tiene otras costumbres. No chatea, se junta a charlar con amigas y a jugar a la canasta. No usa el delivery, ella cocina y le gusta. Split jamás, ella se abanica. Si le decís que subiste una foto te pregunta a qué piso, si le contás que tenés Wi Fi te pasa la receta de algún remedio casero. Ella te rellena las aceitunas una por una, te ata el matambre, te martilla las milanesas, y convierte las frutillas en mermelada. Dorita vive en su mundo, en un punto no entiende nada, entonces cuando le conté que mi laptop tenía un problema de software porque me la pasaron del Vista al XP, sin darse cuenta que los drivers no eran compatibles, cuando le conté esto, se desesperó. Pensó que había tenido algún quilombo con la ley y me ofreció la casa de campo de su hijo Arturo para refugiarme. O la vez que le traté de explicar que con mi teléfono se podía usar el Messenger, y me dijo que si tenía permiso para portar uno de esos y que no lastimara a nadie por favor. Le costó mucho entender que mi pendrive no era un juguete sexual y que el control remoto de la cochera no servía para prender la tele. Por un momento pensé en explicarle todo, detalladamente, hacer una estrategia perfecta para que entendiera cómo funcionaba el mundo hoy, y lo de Internet y la tecnología, me armé un plan infalible que la rescataría de la ignorancia virtual, pero, empecé a tener dudas y decidí que al no explicarle la estaba salvando de algo, que lo correcto era no contarle nada, dejarla así, casi virgen, fue entonces que decidí hablar con ella de cosas que mucha gente de mi edad no entiende, de cómo hacer para que la papa no se oxide, o cómo lograr que la torta te quede pareja. Me pasó millones de secretos gastronómicos y me enseñó a hacer dobladillos, pegar botones y hasta cambiar un cuerito. Pero, un día así como de la nada me preguntó, “Vicky, todo el mundo está hablando de Facebook, creo que se llama así, sabes que es?” Y le dije “Ni idea Dorita, ni idea”.
Poema a Macri (escrito hace mucho aunque vigente)
Los hay de todos colores
Abunda la gama beige, marroncito, más clarito de tanto en tanto un puré
Teresos de perros viejos, jóvenes por doquier
Los voy esquivando una a uno, un laburo, qué laburo
Cada tanto me distraigo y uno termina en mi suela, entre náuseas me lo limpio y me acuerdo de la de tu abuela
Multalos Macri multalos, no se las dejes pasar, para que aprendan a no dejar más teresos van a tener que pagar
Me guardo papelitos en la cartera y ellos dejan sus soretes caninos ahí, es cualquiera
Macri en serio media pila, si eliminás los teresos yo te voto de por vida.
Abunda la gama beige, marroncito, más clarito de tanto en tanto un puré
Teresos de perros viejos, jóvenes por doquier
Los voy esquivando una a uno, un laburo, qué laburo
Cada tanto me distraigo y uno termina en mi suela, entre náuseas me lo limpio y me acuerdo de la de tu abuela
Multalos Macri multalos, no se las dejes pasar, para que aprendan a no dejar más teresos van a tener que pagar
Me guardo papelitos en la cartera y ellos dejan sus soretes caninos ahí, es cualquiera
Macri en serio media pila, si eliminás los teresos yo te voto de por vida.
Plato del día
La esquina se veía bastante bien. Mucho fileteado, una onda muy argenta que a nuestro amigo Amir, de origen brasileño, le podía llegar a interesar. El cartel de la entrada decía “Plato de hoy: Revuelto de Gramajo* con bebida $19”, razonable. Después lo volví a pensar y me pareció una pelotudez porque el pibe ya había vivido en Baires muchos años, bailaba el tango, hablaba mejor que yo, y nunca salía de su casa sin el termo, no me malinterpreten por favor. Sil y yo, lo miramos para ver su reacción y nos dio el ok con la mirada. Entramos. La moza, con exceso de simpatía inmortalizado en una sonrisa que despertaron mis ganas de pegarle un poquito, nos ofreció el plato del día y aceptamos. Corte a una hora más tarde. Del revuelto ni noticias. Una mujer enana de unos 40 años, entró al lugar. Amir recordó que en una semana en Baires ya había visto a 7 enanos por la calle “Un promedio demasiado alto, allá no hay tantos” dijo Amir. La enana comenzó a fumar, a hablar con la moza, y aburrida porque no le traían la comida, comenzó a jugar al cubo mágico, logrando armarlo en unos 3 o 4 minutos. “Estamos en una película de David Linch” comentó Amir. Al fin llegó la comida, pero un momento, el famoso “Revuelto de Gramajo” no era un revuelto de gramajo. Tiras de milanesa, pedazos de pastafrola, coquitos, salame y aparentemente mortadela o pastrón o alfombra, todo, cubierto por una gruesa capa de perejil picado. Llamamos inmediatamente a la moza, y le dijimos “Srita esto no es un revuelto de gramajo no tiene papas, ni jamón ni bla bla bla”. Y la moza casi sabiendo que le íbamos a comentar esto nos respondió muy tranquilamente: “Claro, es que me olvidé de explicarles un poco lo del plato del día, no lo van a poder creer, es un plato jajaja. Resulta que nuestro cocinero se llama Juan Carlos Gramajo y su especialidad es este revuelto, tiene un temita con el perejil no sé si lo notaron jajajaja, es que de chico lo embam….” .
Fin
*El revuelto de Gramajo es un plato clásico que se ofrece mucho en los restoranes porteños y conciste en papas fritas revueltas con huevo, arvejas, jamón y morrón.
Fin
*El revuelto de Gramajo es un plato clásico que se ofrece mucho en los restoranes porteños y conciste en papas fritas revueltas con huevo, arvejas, jamón y morrón.
Comandante
Perdida en el caos de la rutina a veces olvido tu sonrisa, y esa carcajada explosiva que hace florecer en pleno invierno a las confundidas margaritas. Me rescatás de la vida adulta y me obligás a jugar exhausta y perderme entre tu infinita imaginación y mi infancia. Soy tu alumna, y con bigotes de chocolate me das lecciones de vida. Amable torturador de gatos. Desorganizador profesional de juguetes. Ladrón de besos. Generador de endorfinas. He aquí tu esclava de amor voluntaria y de por vida.
Amnesia
A veces fantaseo con la posibilitad, no tan remota de sufrir un golpe fuerte en la cabeza, quedar inconsciente y perder la memoria. Me pregunto, llegando a ese nivel de la fantasía, qué cosas me acordaría y qué otras olvidaría fácilmente. Calculo que lo primero que olvidaría serían las putas contraseñas y los conchudos nombres de usuario, y claro, no podría ya pagar mis cuentas por internet, entrar a mi correo, al face, twitter, mis blogs y bueno, todo un cambio, aunque mi mundo real se mantendría intacto. Trataría de no olvidar ciertos momentos mágicos, haría un esfuerzo terrible por no olvidar determinadas miradas, voces, abrazos, besos, despertares y carcajadas, a esos recuerdos los agarraría bien fuerte y no se los entregaría a ese agujero negro del olvido. Quisiera olvidar eso sí, esa vez que vi como un auto atropellaba a un gatito y lo dejaba agonizante como en un espasmo totalmente injusto y cruel. Olvidaría insultos, maltratos, esos momentos en los que sinceramente me quise morir, esos los olvidaría. Me quedaría con el recuerdo de todas mis mascotas y mi dibujito japonés de la tarde en mi tele blanco y negro, mi álbum de Sarah Kay, mi niñez en general, eso no quisiera olvidarlo, porque entre la pelopincho y mi bici blanca a la que yo manejaba como un taxi, me llenaron de alegría. A mis abuelos, tampoco me los quisiera olvidar. Si tan solo pudiera elegir en ese momento, con qué cosas me quedaría y qué otras soltaría para ser más feliz.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
El electricista, un ser de luz
Roberto el electricista , al que suelo llamar y me mira con ganas, bueno ese que me viene a arreglar el quilombo de dicróicas que tengo en el living, ese mismo hoy espichó. Nada que si bien lo de Romina Yan me perturbó mucho más, este era un buen tipo, soltero, cara de pajero mal, pero copado. Laburaba bien, hablaba mucho y se bancaba que mi gato le rompiera soberanemente las bolas cuando trabajaba. Murió por una sobredosis, una sobredosis de pelotudez porque abrió la heladera descalzo, cosa que hago siempre, pero con tanta mala leche que el piso estaba mojado y zaz. Siempre lo voy a recordar con cara de orto, porque me cobraba rebarato. Adiós Roberto.
Están silbando un tema de Sergio Dennis
Hoy querida mía hagamos el amor con alegría, andá a cagar. En fin, miro otra vez por la ventana y veo las nubes pasar, me cuesta encontrarles formas, pero sin embargo acaba de pasar una semejante a la jeta del vecino de abajo de casa, que siempre anda con cara de ojete, yo no le hice nada lo juro, y un día fui a pedirle azúcar y no tenía, claro, amargo el pibe. Los árboles bailan con el viento y tienen las bolas llenas de que el hombre siga dominando el puto mundo, y claro los jefes suelen estar siempre mal eleigidos, aunque cuando uno es jefe eso no lo llega a ver, la naturaleza es sabía.
Monitos colgando en mi ventana
Es probable que yo solamente los vea, por las dudas no les hablo, no sé qué intenciones tienen. Es que hay ventanas que realmente conducen a lugares que mejor ni visitar. Cuanto más limpiás los vidrios más sucios están, no falla, porque la transparencia total nos conduciría a la ceguera. Ahora que miro a mi alrededor y tomo total conciencia de los elementos que me rodean, veo que hay muchos peluches, todos me miran y no sé qué esperan de mí, no mucho espero. Un peluche no puede esperar mucho más que una dulce inmortalidad y rezar para que no se lo meta muy seguido en el lavarropas o no se los vomite, mi gato hace varios meses que se está amasando a uno, es un siberiano con cara de bonachón, que no se puede ni quejar, procuraré no reencarnar en un peluche. Volviendo a los monitos en mi ventana, ponele que yo sola los vea, ¿qué tiene? Dejadme ver monitos en mi ventana.
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