martes, 5 de octubre de 2010

(HOT) MEMORIES

Cada vez que florecen los jacarandás me acuerdo de algo, y no precisamente de la canción que cantaba María Elena Walsh, además la flor es lila y no celeste, x favor María Elena.  Es algo que me contó una amiga (¿). Parece ser que una tal tarde de domingo en una terraza de un barrio tanguero de Buenos Aires, una tarde muy calurosa, A llegó a la casa de B. Hacía mucho calor, creo que ya lo dije, todavía no había empezado el verano pero el cemento ardía, al igual que estos dos seres alzados en celo en busca de vitaminas. Era una tarde perfecta, soleada, calurosa y convenientemente sintetizada en una terraza ardiente. A tocó el timbre, B abrió. A llevaba en su mochila crema en aerosol, jarabe de chocolate y frutillas. B y A se miraron y lejos de buscar 2 bowls comenzaros a chapar a lo loco. A le dio la mano a B y de prepo la llevó corriendo las escaleras hasta el primer piso, hasta la famosa terraza del amor.  A y B comenzaron a sacarse la ropa, hasta quedar en sus respectivos trajes de baño. Había una manguera,  literalmente una manguera y comenzaron a mojarse, B mojaba a A, mientras tomaba algunas fotos a modo de inmortalizar el momento.  A y B estaban empapados y ya era hora de pasar al próximo nivel: el postre. A y B se sacaron la ropa que les quedaba (poca) mutuamente y A esparció la crema, el chocolate y las frutillas en el cuerpo de B y por orden, lo mismo hizo B y uno al otro comenzaron a disfrutar de la dulzura que se mezclara con el gusto de la piel de cada uno. A y B hicieron cosas que claramente hubieran escandalizado al propio autor del Kamasutra. Y pasaron las horas enchastrándose mutuamente de besos, caricias y locura, se terminó la tarde y el chocolate. Y mientras caía el sol se despidieron con una frase que nunca olvidarán mientras vivan: “Qué bueno que estuvo por dió”.

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