A veces fantaseo con la posibilitad, no tan remota de sufrir un golpe fuerte en la cabeza, quedar inconsciente y perder la memoria. Me pregunto, llegando a ese nivel de la fantasía, qué cosas me acordaría y qué otras olvidaría fácilmente. Calculo que lo primero que olvidaría serían las putas contraseñas y los conchudos nombres de usuario, y claro, no podría ya pagar mis cuentas por internet, entrar a mi correo, al face, twitter, mis blogs y bueno, todo un cambio, aunque mi mundo real se mantendría intacto. Trataría de no olvidar ciertos momentos mágicos, haría un esfuerzo terrible por no olvidar determinadas miradas, voces, abrazos, besos, despertares y carcajadas, a esos recuerdos los agarraría bien fuerte y no se los entregaría a ese agujero negro del olvido. Quisiera olvidar eso sí, esa vez que vi como un auto atropellaba a un gatito y lo dejaba agonizante como en un espasmo totalmente injusto y cruel. Olvidaría insultos, maltratos, esos momentos en los que sinceramente me quise morir, esos los olvidaría. Me quedaría con el recuerdo de todas mis mascotas y mi dibujito japonés de la tarde en mi tele blanco y negro, mi álbum de Sarah Kay, mi niñez en general, eso no quisiera olvidarlo, porque entre la pelopincho y mi bici blanca a la que yo manejaba como un taxi, me llenaron de alegría. A mis abuelos, tampoco me los quisiera olvidar. Si tan solo pudiera elegir en ese momento, con qué cosas me quedaría y qué otras soltaría para ser más feliz.
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