A Clarita le había venido el día anterior y hoy la atacaban las hormonas. Y a Clarita las hormonas la desestabilizaban zarpado, a veces le pegaban de bajón y otras nada, le pintaba ponerse agresiva o insultar a desconocidos por la calle. No podía hacer nada contra ellas, cualquier comentario era tomado a mal.
“Hola nena, te como toda” le gritó un obrero muy educado de Palermo Top.
“Cómo que me comés, te parezco un lechón no? Decilo decilo…decilo hdp, construime esta ladrillo por ladrillo…la p que te p..la c de tu h” dijo Clarita, la princesita.
Uhh cómo estaba Clarita, para colmo luego de decir eso, pisó un tereso de aproximadamente 15 cm de diámetro y volumen importante, que estaba depositado en el medio de la vereda junto a un chicle y a un pollo amarillento, y ella con chatitas, un horror. Lejos de darle náuseas, la situación la enojaba más y más y ya a esa altura podía perfectamente degollar a un anciano o decirle a un niño que pasaba que Papá Noel y los Reyes eran los padres.
“Clarita, Clarita” una voz muy grave y estruendosa la llamaba, pero Clarita no podía distinguir de donde venía.
“Dios, ¿sos vos?”
“No tontis, soy yo, mirá para abajo” dijo un hombrecito obviamente enano que le llegaba como mucho a las rodillas.
Y al ver a Robertito, porque así se llamaba el enano, un vecino de toda la vida, pensó que sus problemas tampoco le llegaban ni a las rodillas, y se rió se rió, ya medio como que se fue al otro lado, pero mejor, mejor la risa que la bronca, y Clarita se calmó, las hormonas le empezaron a hacer cosquillas y sus ganas de convertirse en asesina serial disminuyeron tanto que terminó comprando un Bonsái, en un vivero que le recomendó Robertito. Un capo Robertito.
Mala onda Clarita. Hay que reivindicar al piropo de los tipos de la UOCRA. Es un lindo género injustamente bastardeado.
ResponderEliminarSaludos!